Cuenta Pau
Pedro es el único que calma mis angustias y mi dolor, pero
aun necesitaba un poco de soledad y poder llorar en paz, tranquila, todavía
necesitaba poder calmarme del todo, poder recuperar mi humor, poder volver a
ser yo misma.
Cuando bajamos del micro, cada uno podía hacer lo que
quería. La mayoría se decidió por quedarse en el living mirando una peli, usar
la pileta del hotel, o simplemente caminar por el parque. Los chicos se fueron
a jugar un partidito de futbol con otro grupo de chicos que se había formado
por ahí, mientras que yo, subí a la habitación, y me tire en la cama.
Cerré mis ojos, mi intención era intentar dormir, pero no
fue posible ya que mis lágrimas empezaron a caer una por una por mis mejillas.
Era momento de desahogarme. Me metí debajo de las sabanas, y me tape hasta la
cabeza. Estaba en completa oscuridad, ni siquiera los rayos del sol ingresaban
por la ventana. Me dedique a cerrar todo, apagar todo, necesita sentir el vacío
de la habitación, sentirme como en casa, y poder estar conmigo misma, poder
llorar, y gritar todo lo que quisiera.
Me levante en el medio de la oscuridad, y agarre mi
cuaderno, aquel que compartía las penas y dolores conmigo desde que tengo 11
años. En ese momento fue donde empecé a comprender con total claridad lo que me
pasaba, lo que sentía, y lo que después de muchos años aún sigo sintiendo.
Tenía muchísimas hojas cuando me lo compre en aquella tienda de antigüedades en
uno de los viajes con la niñera, pero ahora solo me quedaban 5 hojas, de las
cuales hoy quedaría una o dos menos.
Lo abrí, y lo ojee, se sentía el olorcito a que ya estaba
volviendo viejo, y se sentía las penas que deje en el en todo ese tiempo.
Seguía llorando, no podía parar de desprender lágrimas de mis ojos. Agarre una de
mis lapiceras, y empecé a escribir,
empecé a expresar lo que sentía, y tratar de dejar ahí todos los sentimientos
que mi mente, mi corazón y mi alma sentían:
Sentirse vacía, no
tener nada de la cual poder sostenerse, ni un amor, ni una caricia, ni una palabra
para darte fuerzas.
Querer salir de este
lugar, o también borrarte de este mundo, no querer existir.
Llorar y nada más que
llorar, sola entre medo de cuatro paredes blancas y una cama, la única compañía
de toda tu vida.
Con ese nudo, con ese
dolor aun latiendo en el medio del pecho, algo que no tiene salida, ni mucho
menos solución.
La angustia se apodera
de mi pecho y el vacío comienza a crecer, el dolor aún más notable y sea lo que
sea, sé que nada, ni nadie va a poder sacarme de esto.
El desprecio y el
abandono van acompañarme siempre, y el miedo de que se vuelva a repetir
también. Tengo terror a que me abandonen, terror al desprecio, a no ser
querida, ni tampoco amada.
Me aferro a las
personas que me brindan un poquito de cariño, pero cuando recibo más de la
cuenta me aterrorizo, y me alejo. Tengo miedo de perderlo todo, de no poder
soportar algo como lo que ya pase.
Mi único sostén es el,
y tengo miedo de que se aleje de mí, de que se canse, de que se harte, de no
poder tenerlo conmigo siempre.
Porque es tan difícil
olvidarme de lo que paso??, porque no puedo seguir mi vida como si nada me
hubiese pasado??, porque no puedo aceptar que mi mama no me quiere, y que mi
papa siente rechazo hacia mí??, porque no puedo entender que me encuentro sola
en esta vida??, porque no puedo aceptar nada de todo eso??...
Deje la lapicera, cerré mi cuaderno, y me volví a caer en la
cama, volví a cerrar los ojos, volví a respirar tranquilidad, y de sentirme un
poquito segura de mi misma.
Volví a ser la Paula que era esa mañana cuando me
levante.
LEAN EL SIGUIENTE…
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